La evolución de la tecnología a lo largo de los últimos 40 años ha permitido a las personas poder comunicarse y navegar por internet de forma cada vez más rápida. Desde la aparición de la tecnología 1G a comienzos de la década de los 80, la calidad de la misma se ha visto incrementada hasta los actuales 5G.

Del 3G al 5G

La entrada del siglo XXI trajo consigo, entre otras cosas, la llegada de la tecnología 3G. La tercera generación supuso la posibilidad de ver vídeos o realizar videoconferencias a través de un teléfono móvil. La conectividad en estos momentos podía llegar a alcanzar velocidades de hasta 2 Mbps. 

Fue el momento en el que la industria de los smartphones cobró un impulso inusitado. Algo que pudo apreciarse especialmente con la llegada en años posteriores de las tecnologías 3,5G, 3G+ o Turbo 3G, con la que se podían realizar transmisiones en vivo de hasta 14 Mbps de velocidad. 

En el año 2009 asistimos a las primeras conexiones 4G LTE en internet. Este nuevo avance en la tecnología supuso poder disfrutar de una mayor velocidad de carga y descarga, hasta alcanzarse los 150 Mbps en los teléfonos móviles y otros dispositivos. Además, el 4G mejoraba ostensiblemente los problemas de retardos y lags en la transmisión de datos. 

La red 5G, por último, comenzó a llegar al mercado a finales del 2018. Una tecnología capaz de alcanzar un máximo de 10 gigabits por segundo, por lo que puede ser en torno a 10 – 100 veces más rápida que la tecnología 4G. Además, dispone de una latencia de 1 milisegundo y posibilita una reducción de hasta el 90% en el consumo de energía de la red. 

La razón de que la tecnología 5G pueda ser más rápida se debe al hecho de utilizar una serie de frecuencias más cortas.

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